Tjololo, un leopardo diferente

Publicado: 1 marzo, 2013 en Bichos, Personajes
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Tjololo

Tjololo (© de Kim Wolhuter)

En la Reserva de Mala Mala, una reserva de caza situada en Mpumalanga (República Sudafricana) vivió un leopardo africano (Panthera pardus pardus) que por su carácter se ganó enormes simpatías por parte de la gente que le llegó a conocer. Tenía el tamaño aproximado de una hembra adulta a pesar de ser macho, algo que en principio nos haría creer que se trataba de un animal poco dominante. O al menos eso sería lo más lógico debido a su reducido tamaño, sobre un 25% más pequeño que el macho promedio.
No obstante, no debemos olvidar que en muchas ocasiones las cosas no son lo que parecen, y en este caso concreto, la realidad distaba -y mucho- de las apariencias.
Este ejemplar fue “descubierto” en el año 1.999 por el fotógrafo y cineasta de vida salvaje Kim Wolhuter, quien estimó que el animal debía ser un macho de en torno a unos 4 años que debía estar buscando un territorio propio para cazar. Kim comenzó a seguirlo y con el tiempo acabó poniéndole un nombre, “Tjololo“. Este nombre es una fusión de palabras de origen suazi y  xitsonga cuyo significado viene a ser aproximadamente “el solitario” o “el que está solo”.
A pesar de que en un principio Tjololo fue seguido para ver cómo se las arreglaba con los otros leopardos en la lucha por el territorio, lo cierto es que su tranquilidad frente a los humanos hizo que la simpatía por el creciese con el paso de los días. No obstante, aunque tolerase a los humanos, con los otros leopardos la historia era muy, muy distinta.
Tjololo a pesar de ser pequeño para los estándares en cierto modo contradijo la ley del más fuerte –la máxima de la selva al menos en teoría-, y uno a uno fue expulsando al resto de los machos adultos de la propia reserva de Mala Mala. En sólo tres años se hizo con el poder en la reserva e incluso con alguna zona exterior.
Si tenemos en cuenta que un macho adulto suele controlar entre 30 y 60 kilómetros cuadrados, no deja de sorprender que un macho pequeño haya logrado hacerse con un territorio de más de 130 km2 y que además lo hubiese controlado durante varios años.
Hay un episodio sobre Tjololo que Kim Wolhuter recuerda especialmente:

Tjololo con la hembra de kudú

Tjololo con la hembra de kudú (© de Kim Wolhuter)

Tjololo acababa de matar a una hembra de kudú y la estaba arrastrando a una zona más tranquila cuando lo encontramos. Bajé del coche, me tumbé en el suelo y empecé a sacarle fotos. Podía llevar el cadáver a cualquier lugar, pero lo llevaba justo hasta donde yo estaba tumbado. Lo arrastró hasta poco más de un metro de donde yo estaba y parecía que me dejaba mirar sin ningún problema. ¡Qué tipo tan confiado!

Tjololo fue ganando algo de fama, saliendo incluso en la portada de la prestigiosa revista National Geographic en el año 2.001, al igual que también fue el protagonista del documental “Leopardos al acecho“. Sin embargo, en 2.007, su salud se fue deteriorando al pesar de tener tan sólo unos 12 años. En un principio se creyó que se debía a un envejecimiento prematuro porque defender esa enorme extensión para un sólo leopardo no es una tarea simple, precisamente. No obstante, el motivo era otro.
El día 13 de noviembre de 2.007 unos guardas del parque vieron que Tjololo se encontraba muy desmejorado y delgado. Incluso su pelaje carecía del brillo propio de un leopardo (un buen indicativo en felinos de que algo anda mal). Tras llamar a un veterinario, Tjololo fue sedado para ser examinado. Le dispararon un dardo y esperaron a que el leopardo se desplomase por el efecto de las drogas, y al llegar a su altura descubrieron que tenía numerosas púas de puercoespín, algunas clavadas hasta unos 10 centímetros en su carne. El veterinario se enfaenó en retirarle todas las que encontró (la mayoría estaban rotas y apenas se apreciaban desde cierta distancia, por eso no se habían percatado antes) y le hizo las curas pertinentes. Resultaba obvio qué estaba mal: con púas clavadas en las patas, en el pecho y en la zona del estómago, Tjololo no podía cazar y se estaba muriendo de hambre.
Dado el estado de Tjololo (desnutrido y con las defensas bajas), los guardas y el veterinario temían por el posible desenlace de la sedación. Tras administrarle el antídoto, se retiraron a una distancia prudencial y esperaron a que Tjolo despertase. Y despertó, pero tan sólo para abrir los ojos, respirar unas bocanadas de aire y, finalmente, morir.
En palabras de Kim Wolhuter:

Es duro, muy duro, saber que Tjololo se ha ido. Pero quizás lo haya hecho de la mejor manera posible. Solo y tranquilo, como siempre vivió.

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