Archivos de la categoría ‘Relatos históricos’

El monte Vesubio visto desde las ruinas de Pompeya

Como ya comentamos aquí, el monte Vesubio entró varias veces en erupción a lo largo de la historia, aunque la erupción más conocida, sin duda, es la del 24 de agosto del año 79. Durante aquella erupción el capitán de la flota estacionada en el puerto de Miseno, Plinio el viejo, partió con la flota para ayudar a los habitantes de la región. Desgraciadamente para él, falleció (probablemente asfixiado) en la ciudad de Estabia. Su sobrino, Plinio el joven, le contó por carta al historiador Cornelio Tácito sus impresiones tanto de la muerte de su tío como del modo en que vivió la erupción el personalmente. Dos de esas cartas han llegado hasta nuestro días, y las reproducimos a continuación. (más…)

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Estatua que se atribuye a la imagen de Sobekemsaf

Estatua que se atribuye a la imagen de Sobekemsaf

Sejemra Shedtauy Sobekemsaf, o Sobekemsaf II, fue un rey egipcio que vivió en torno al año 1.570 antes de nuestra Era, en un período que se encuentra en la XVII Dinastía. En verdad no se sabe demasiado sobre su reinado, el cual por lo general carece de fechas de inicio y de final. Sabemos que era hijo de Sobekemsaf I (aunque no lo sucedió inmediatamente) y de -quien se cree- la primera mujer en usar el título de Gran Esposa Real, la reina Nubemhet.
Es cierto que como gobernante no pasaría a la historia, aunque ya sabemos que la Historia tiene sus caprichos y, a veces, se encarga de que nos lleguen nombres que se creían perdidos en la noche de los tiempos. Sobekemsaf, insisto, no fue un rey especialmente dotado para el combate, para la construcción o para saber rodearse de buenos escribas; sin embargo, la popularidad que la vida no le dio le fue otorgada por la muerte. La tumba de Sobekemsaf II fue asaltada por ladrones de tumbas en el año 1.111 a. E., durante el reinado de Ramsés IX.
Tampoco esto hubiese sido una gran novedad de no ser porque un texto que relataba buena parte del juicio al que fue sometido uno de los saqueadores ha sobrevivido al paso del tiempo. Su nombre era Amenpnufer, era un albañil del templo de Amón-Ra y esta es parte de su historia:
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Os dejo una auténtica joya que me acabo de encontrar. Es un documental sobre la evolución pero con una característica bastante peculiar: fue rodado por Max Fleischer ¡¡¡en el año 1.923!!!

Es muy probable que os resulte bastante burdo, quizás demasiado básico, pero tened en cuenta que cuando se rodó incluso la Tectónica de Placas -presentada por Alfred Wegener– ni siquiera sería ampliamente aceptada hasta 40 años más tarde de la salida de este documental. Disfrutadlo como yo lo he hecho 😉

Portada de “Intolerancia”

Cada vez que leemos la palabra “superproducción” tendemos a pensar en las pelíclulas de Hollywood de los años ’60, películas como “Cleopatra” (1.963), protagonizada por la gran Liz Taylor y el no menos grande Richard Burton. Una de las películas más caras de la historia que casi lleva a la ruina a la por entonces mayor empresa cinematográfica, la 20th Century Fox, por cierto. Se había presupuestado en unos 2 millones de dólares, cifra que se acabó disparando hasta unos estratosféricos 44 millones (equivalentes a unos 320 millones de dólares en la actualidad). Lo cierto es que pasaron bastante años para que dejase de ser considerada una de las mayores catástrofes en cuanto a producción se refiere a obra maestra del cine. Curioso, pero asi es la vida 😉
Sin embargo, la primera película con actores y figurantes contándose por miles (no por decenas o incluso centenas, no; por miles) es mucho más antigua que la película anteriormente mencionada. Para cuando “Cleopatra” se estrenó ya habían pasado 47 años nada menos desde la primera superproducción del cine estadounidense. (más…)

El Puente de la Torre -no confundir con el Puente de Londres- en la niebla

Una de las estampas más clásicas del Londres invernal desde siempre es su típica (y hasta tópica) niebla; esa “fog” que tanto misterio añade a sus calles y parques y que tantos relatos de Sherlock Holmes acabó ambientando. El desarrollo industrial llevó a la popularización de fuentes de calor como las estufas de carbón, algo que añadido a la niebla propia del Valle del Támesis dio como resultado una especie de humo amarillento, pardo o incluso negruzco que lo envolvía todo. Se originaba cuando en tiempo de niebla las temperaturas bajaban, haciendo que se quemase más carbón de mala calidad que habitualmente, lo que añadía a la siempre presente niebla numerosas partículas de hollín y además grandes cantidades de dióxido de azufre. Allí se la conocía coloquialmente como “pea soup” (literalmente sopa de guisantes).
Sea como fuere, el caso es que la niebla londinense no suele pasar de ser un incordio por la reducción del campo visual que provoca y molesta también por la humedad que conlleva que hace que aumente la sensación de frío. Nada trágico, aunque molesto. En contrapartida brinda hermosas imágenes que más de uno lleva en sus retinas y, cómo no, en la tarjeta de memoria de la cámara digital. Quizás todo esto que he dicho resulte más o menos obvio, supongo, aunque si nos remontamos algo en el tiempo podremos ver que las consecuencias de esta “sopa de guisantes” en alguna ocasión ha llegado a ser algo más grave que una simple molestia. ¿Me acompañáis en el viaje a través del tiempo? Pues remontémonos a hace unos 50 años.
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