Amenpnufer, un ladrón de tumbas egipcio

Publicado: 18 febrero, 2013 en Antiguo Egipto, Historia, Personajes, Relatos históricos, Robos
Estatua que se atribuye a la imagen de Sobekemsaf

Estatua que se atribuye a la imagen de Sobekemsaf

Sejemra Shedtauy Sobekemsaf, o Sobekemsaf II, fue un rey egipcio que vivió en torno al año 1.570 antes de nuestra Era, en un período que se encuentra en la XVII Dinastía. En verdad no se sabe demasiado sobre su reinado, el cual por lo general carece de fechas de inicio y de final. Sabemos que era hijo de Sobekemsaf I (aunque no lo sucedió inmediatamente) y de -quien se cree- la primera mujer en usar el título de Gran Esposa Real, la reina Nubemhet.
Es cierto que como gobernante no pasaría a la historia, aunque ya sabemos que la Historia tiene sus caprichos y, a veces, se encarga de que nos lleguen nombres que se creían perdidos en la noche de los tiempos. Sobekemsaf, insisto, no fue un rey especialmente dotado para el combate, para la construcción o para saber rodearse de buenos escribas; sin embargo, la popularidad que la vida no le dio le fue otorgada por la muerte. La tumba de Sobekemsaf II fue asaltada por ladrones de tumbas en el año 1.111 a. E., durante el reinado de Ramsés IX.
Tampoco esto hubiese sido una gran novedad de no ser porque un texto que relataba buena parte del juicio al que fue sometido uno de los saqueadores ha sobrevivido al paso del tiempo. Su nombre era Amenpnufer, era un albañil del templo de Amón-Ra y esta es parte de su historia:

Yo, Amenpnufer, caí en el hábito de robar las tumbas de los nobles en compañía del albañil Hapiwer. […]Buscando tumbas encontramos la pirámide de Sejemra Shedtauy [a quien conocemos hoy en día como Sobekemsaf II], hijo de Sejemra Uadyjau, algo que no tenía nada que ver con las tumbas y pirámides de nobles que solíamos robar.[…]

Aunque hay algunos fragmentos perdidos -no en vano el papiro ha sobrevivido más de 3.100 años-, llegamos poco después del inicio al relato de cómo llegaron a la tumba real.

[…] Luego nos abrimos paso entre los escombros y nos hallamos a este dios (por el faraón) tumbado en el fondo de su sarcófago. También vimos la tumba de Nubkhaes, su reina, situada a su lado. Después abrimos las tapas del sarcófago real y encontramos la momia cubierta con joyas de oro. Había mucho oro cubriendo la momia, así como joyas. El mismo sarcófago también estaba cubierto de oro y piedras preciosas, por lo que arrancamos y nos llevamos el recubrimiento. Cuando recogimos lo que pudimos de este noble dios también recogimos lo que había en el sepulcro de su noble reina, y después prendimos fuego a ambas momias.
Antes de marcharnos recogimos también los muebles que había en la antesala, todos muy ricamente tallados, así como estatuíllas de oro y objetos de plata y bronce.

Después regresamos a Tebas, donde nos repartimos el botín. Unos días más tarde el Superintendente de Tebas se enteró que alguien había estado robando en el Oeste [en el Valle de los Reyes], sospechó de mí y me encerró en la oficina del alcalde de Tebas. Hice que mi mujer juntase los 20 Deben* (1.820 gramos) de metales preciosos que me habían correspondido y se los dí al Escriba Real Khaemope, quien me liberó.

Cuando me reuní con mis compañeros me recompensaron con otra parte porque entendieron que había sido necesario el soborno para evitar que los apresasen a ellos también. Tengo que confesar, así mismo, que he continuado hasta hoy con la práctica de robar las tumbas de los nobles y de los ilustres fallecidos que habitan en el Oeste de Tebas en compañía de los mismos con los que entré en la Tumba Real de Sejemra Shedtauy.

Poco después Amenpnufer asegura que lo robado en la tumba de Sobekemsaf II ascendía en total a unos 160 Deben (14.560 gramos) de oro, plata y bronce. El texto finaliza anunciando la pronta sentencia de Amenpnufer y de sus colaboradores y que una copia del texto será enviada al propio Ramsés IX. Aunque no se indica qué suerte acabarían corriendo los saqueadores, hoy en día sabemos que los egipcios reservaban un método de ejecución a los crímenes tan atroces como podía ser saquear una tumba real, privando al rey de su cuerpo para la vida eterna y, por consiguiente, atrayendo la desgracia para el pueblo egipcio. A pesar de no poder asegurarlo con total certeza, lo más probable es que Amenpnufer, Hapiwer y los otros colaboradores -seis- muriesen empalados y sus cuerpos fuesen dejados en las estacas hasta descomponerse de todo. Este castigo era especialmente terrible para los egipcios porque no sólo implicaba una muerte horrible, si no que al impedir el enterramiento del reo le privaba de cuerpo para el Más Allá y, por tanto, de la vida eterna a la que todos aspiraban.

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*Contrariamente a lo que se suele creer, el Deben no era una moneda si no una medida de peso en el Antiguo Egipto. Dicha medida equivale a aproximadamente 91 gramos de peso.

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