El Yongala, un paraíso artificial

Publicado: 11 febrero, 2013 en Barcos, Bichos, Mares
Postal con la imagen del Yongala

Postal con la imagen del Yongala

El día 29 de abril de 1.903 se botó en Newcastle un barco llamado “Yongala”, hecho por encargo de la Adelaide Steamship Company, una empresa con sede en Adelaida (Australia) que realizaba servicio de transporte entre las zonas de extracción de oro del oeste australiano con las ciudades de Adelaida, Melbourne y Sydney. El barco estaba hecho de acero y tenía una eslora de 107 metros. Propulsado por vapor, tenía una velocidad máxima de casi 16 nudos (cerca de 30 kilómetros por hora), lo que lo hacía un barco bastante rápido para la época.
En el año 1.906 fue transferido a la que era una de las rutas más largas que se hacían sin escalas, la ruta Brisbane-Fremantle, la ciudad en la que está enterrado Bon Scott. Esta ruta de 2.700 millas náuticas (~5.000 kilómetros) bordeaba media Australia desde Fremantle, una pequeña villa situada  a 19 kilómetros de Perth con Brisbane, la 3ª ciudad más grande del país. La mayor parte del pasaje estaba compuesta por mineros de oro y sus familias, quienes recorrían esa enorme distancia en uno de los últimos ecos de las Fiebres del Oro australianas. Durante en invierno austral recorría una ruta alternativa, para evitar los temporales. En ese período hacía la ruta de Melbourne a Cairns, un viaje significativamente más corto en espera a que el tiempo mejorase para hacer la ruta larga.

El día 14 de marzo de 1.911 inició el que sería su viaje número 99 partiendo de Melbourne en dirección a Brisbane con 72 pasajeros, de los que 2 pretendían seguir a bordo hasta alcanzar Cairns. El 20 de marzo llegó a Brisbane, donde bajaron 70 pasajeros y subieron otros tantos, así como varias toneladas de carga e incluso un caballo de carreras llamado “Moonshine” (Brillo de luna). Aunque una inspección retrasó un poco la partida, lo cierto es que al ser un barco rápido el capitán tampoco parecía preocupado ni con necesidad de apurar para llegar al siguiente puerto, Mackay. El día 23 llegó a ese puerto y tras descargar algunos pasajeros, parte de su carga  y rellenar el sitio con otra distinta, aquel mismo día por la noche salió para completar la ruta con un total de 122 personas a bordo entre tripulación y pasaje.
Todavía se encontraba a la vista de la costa -de haber sido de día, claro- cuando la estación de Flap Top recibió un telegrama advirtiendo de la presencia de un ciclón cercano. A pesar de que en 1.910 se habían establecido ya las centrales de telégrafo inalámbrico en Australia, en el año 1.911 eran pocos o muy pocos los barcos que disponían de receptor. Desgraciadamente para el Yongala, no estaba entre los que tenían todavía. Era cierto que habían encargado uno, y que había sido enviado desde la Marconi Company en Inglaterra, pero todavía no había llegado.
Cerca del amanecer del 24 de marzo el farero del faro de la isla Dent vio a lo lejos al Yongala, mientras el tiempo empezaba a empeorar a marchas forzadas. Fue la última vez que el barco fue visto.
Aunque lo esperaban para el día 24, el barco nunca llegó a puerto, y se inició una intensa batida por la zona a partir del día 26. Durante unas semanas llegaron varios restos del barco a las costas, pero en un radio tan grande -por causa de las corrientes- que resultaba imposible determinar dónde se había hundido.

El Yongala reposando en el fondo marino

El Yongala reposando en el fondo marino

Aunque se ofrecieron recompensas tanto por parte de la Adelaide Steamship Company como por el propio Primer Ministro de Queensland (en aquel entonces era Digby Denham, 1.859-1.944), nadie fue capaz en un principio de triangular la posible zona del hundimiento. El gobierno de Queensland aportó una cifra de 1.000 libras esterlinas, una cantidad nada desdeñable en la época que hoy serían -al cambio actual- en torno a 130.000 euros. Familiares de los desaparecidos y diversas cofradías de pescadores y mercantes comenzaron también a hacer donativos para incentivar la búsqueda, reuniendo otras 900 libras. Desgraciadamente, aunque la búsqueda fue intensa, era fútil ya que nadie sabía exactamente donde buscar, y los medios como el sónar que podrían haber ayudado a encontrar el barco sencillamente aún no existían. De hecho, esta aparato empezó a investigarse un año más tarde a raíz del hundimiento de un transatlántico, el Titanic.
Con el tiempo comenzaron a circular historias sobre avistamientos del barco, algo que si bien podría haber sido posible en el año siguiente al hundimiento, en la década de 1.930, cuando más abundaron estas historias, era sencillamente ridículo. Baychimo sólo hay uno, recordemos 😀
Tras el estallido de la IIª Guerra Mundial la tecnología marina se desarrolló (por desgracia a causa de la guerra, como siempre…) y en 1.943 un dragaminas detectó una anomalía a una profundidad de 13 brazas (~24 metros), de la que dejó constancia pero no investigó por ser demasiado grande para tratarse de una mina marina.
Una vez acabada la guerra las autoridades australianas prosiguieron con la investigación submarina, en orden a encontrar posibles naufragios militares, bombas y minas que no habían explotado, etc. El barco encargado, el HMAS Lachlan, llegó a la anomalía reportada en 1.943 y se topó con que se debía tratar de un barco de vapor de alrededor de unos 90 metros de eslora, algo que lo hacía muy pequeño para tener interés militar por lo que se limitaron a marcar su posición y dirigirse a otro punto.
En 1.958 dos buzos australianos, Don Macmillan y Noel Cook, se encontraban buceando por la zona y llegaron hasta el naufragio. Al principio no sabían de qué barco podía tratarse, pero registrando en los libros náuticos descubrieron unos años más tarde, en 1.961, que sólo un barco podía haberse hundido por allí sin haber sido encontrado hasta la fecha. Al fin y tras 50 años se había identificado el lugar de hundimiento del Yongala.

Pero la sorpresa no fue el hallazgo en sí, si no que aquel barco de vapor actualmente era un arrecife artificial que albergaba una enorme cantidad de vida marina. En el naufragio se pueden observar enormes guarderías de peces, grandes meros, tortugas, serpientes marinas, diversas especies de tiburón (incluído el pez más grande de nuestros mares, el Rhincodon typus o tiburón ballena), ingentes cantidades de cangrejos, esponjas y hasta incluso corales que ya se están apropiando de la zona. Hoy en día es uno de los lugares más apreciados del mundo -en lo que a arrecifes artificiales se refiere- para la práctica del submarinismo. ¿El motivo? Creo que con este vídeo sobran los comentarios:

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