El ataque de los calamares voladores

Publicado: 8 febrero, 2013 en Bichos, Mares
"Volando vooooy... volando vengo, vengo ♫ ♪ ♫

Volando vooooy…
volando vengo, vengo ♫ ♪ ♫

De todos es conocida la habilidad de los peces de la familia Exocoetidae de impulsarse fuera del agua a gran velocidad y, con ayuda de sus enormes aletas pectorales (y pélvicas en algunos casos) pueden cubrir distancias de incluso 50 metros como si de aves o murciélagos se tratase. De hecho el nombre científico de esta familia priviene del griego ἐξώκοιτος, que significa literalmente “dormir fuera” ya que los griegos creían que estos peces abandonaban el agua para irse a dormir tranquilamente a la costa, lejos de los depredadores nocturnos.
Creencias erróneas al margen, lo cierto es que estos animales marinos pueden cubrir unas distancias considerables como si de ultraligeros se tratase, llegando en algunas ocasiones a lograr permanecer 45 segundos en el aire (por ejemplo). Hay también peces que saltan cuando se ven asustados -en youtube hay numerosos vídeos sobre eso- y acaban en las embarcaciones, dando sustos y en ocasiones golpes a los navegantes. También las mantarrayas o mantas gigantes lo hacen en lo que se cree (pero no está demostrado) que es un comportamiento destinado a la reproducción. La clásica maniobra para impresionar a las hembras dando muestras de vigor y a los machos rivales para demostrar que se es más fuerte. Nada nuevo en la competición sexual 😀 No son los únicos animales que hacen esto, por supuesto. Los delfines son conocidos por sus acrobacias aéreas también, sin ir más lejos.
Sin embargo no todos los animales que saltan fuera del agua son cordados, como parece en los ejemplos anteriores. Algunos cefalópodos, que se supone que no deberían hacer esas cosas, son los únicos animales que “vuelan” a reacción por medios propios (a diferencia de nosotros que necesitamos máquinas): se trata de calamares.
Aunque la metafórica liebre acabe de saltar hoy mismo en los medios de comunicación de todo el mundo, lo cierto es que hace ya unos cuantos años que se sabe que en ocasiones algún calamar acababa sin intención en la cubierta de algunos barcos. Esto, que se tenía como algo puntual, fue totalmente confirmado hace como año y medio por una expedición japonesa (que no sólo se dedican a las ballenas, tal y como los eco-terroristas nos quieren hacer creer).

Proceso de vuelo

Proceso de vuelo (©Universidad de Hokkaidō/AFP)

El día 25 de julio de 2.011 un miembro del equipo de la Universidad de Hokkaidō dirigido por Jun Yamamoto llamado Kouta Muramatsu logró captar una imagen de un “banco” (como vuelan no sé si es correcto usar la expresión) de cerca de 100 ejemplares volando libres como el viento antes de volver a caer en el mar. Eran ejemplares pertenecientes a la especie Todarodes pacificus, más conocidos como “calamares voladores japoneses” -obvia decir por qué-. Estos cefalópodos se pasan su año aproximado de vida en el oeste del Océano Pacífico, en aguas que varían entre 5º y 27ºC, a profundidades que varían entre la superficie y los 70-100 metros. Y hasta un metro por encima del agua, por lo que sabemos 😀
Son animales bastante gregarios, lo que dificulta su estudio porque se estresan bastante al estar aislados de sus congéneres. Tampoco es que se trata de los enormes calamares abisales, ya que cuentan con una talla más bien discreta que se sitúa de media en torno a los 20-22 centímetros, aunque se ha encontrado alguna hembra (son sexualmente dimórficos con las hembras de mayor tamaño) que rondaba los 50 centímetros de longitud de manto. Casi el triple que el macho medio.

Ya, ya, todo muy bonito y muy interesante pero… ¿cómo c*** hacen para “volar”?

El proceso es bastante simple, aunque sin duda muy efectivo como veréis. Tiene las siguientes fases:

  • Mientras van nadando bajo la superficie expanden su manto para llenarlo totalmente de agua
  • Una vez que el manto está lleno, entra en juego el “motor a reacción”: su sifón. Al expulsan un chorro de agua a bastante velocidad y presión, sufren de repente una alta aceleración, lo que los impulsa exactamente igual que cuando nadan. Pero la diferencia viene ahora.
  • Orientados hacia la superficie, su impulso les hace salir del agua a una velocidad de 11 m/s (39’6 km/h, son más rápidos que Usain Bolt)
  • Una vez en el aire extienden sus tentáculos y sus aletas en forma de triángulo, lo que les da un par de alas con las que planear. Incluso sus tentáculos tienen unas pequeñas membranas entre ellos que les permite crear más superficie de resistencia al aire, básicamente como el wingsuit de Roberta Mancino.
  • Una vez que el impulso generado empieza a desvanecerse, vuelven a plegar sus tentáculos y aletas, pegando estas últimas al manto, para volver a tener la forma clásica y que les permite hacer el reingreso en el agua de modo menos traumático.

Simple, por supuesto, pero esta simplicidad tan genial es lo que nos permite volar actualmente.

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Pues yo opino que

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