El hombre dentro de la botella de vino

Publicado: 3 febrero, 2013 en Bromas, Historia
Ni con ese tamaño, creo yo...

Ni con ese tamaño, creo yo…

El 10 de enero de 1.749 apareció en varios periódicos londinenses una anuncio que rezaba aproximadamente así:

El próximo lunes día 16 una persona realizará grandes proezas en el real teatro de Haymarket. En primer lugar, con un bastón [que algún caballero entre el público le deje] imitará el sonido de cualquier instrumento musical que exista. Después pondrá una botella de vino común y corriente [que podrá examinar quien así lo desee] encima de una mesa en elmedio del escenario y, acto seguido, se introducirá en ella. Así mismo, cualquier persona podrá examinar la botella con el hombre dentro, comprobando así sin lugar a dudas de que el tamaño de la botella es el mismo que cualquier botella que se pueda encontrar en cualquier taberna.

Obvia decir que se generó una enormísima expectación ante tal prodigio, y el día 16 de enero de 1.749 el teatro de Haymarket estaba totalmente lleno de gente. Pero lo que allí ocurrió finalmente distaba mucho del espectáculo que se anunciaba.
A eso de las 7 de la tarde, la hora en la que normalmente comenzaban los espectáculos, una multitud se agolpaba dentro del recinto, incluyendo a Guillermo Augusto de Cumberland (hermano del rey Jorge III). Sin embargo, nada parecía ocurrir y la gente empezó a impacientarse cuando, una hora más tarde, no había aparecido absolutamente nadie en el escenario. Ante el alboroto y la queja de la multitud, a eso de las 20:30 apareció un empleado del recinto anunciando al ya exasperado público que ya empezaba a mostrar su descontento a viva voz que, de no aparecer pronto el hombre del expectáculo, el dinero de la entrada sería devuelto de manera inmediata. Esto, lejos de calmar a la multitud, provocó que la gente gritase aún más y que incluso se alzasen voces exigiendo el doble de lo pagado. Los gritos iban a más y, llegado cierto punto, alguien incluso tiró una vela encendida contra el escenario, acto que buena parte de la audiencia tomó como la mejor señal de marcharse de allí cuanto antes. Comenzó entonces un frenesí de gente intentando marcharse todos a la vez, lo que concluyó con bastante gente que perdió sombreros, abrigos e incluso -según un periódico local, hasta tres caballeros perdieron sus espadas. No obstante, hubo gente que se sentía demasiado indignada como para marcharse por las buenas y poco tiempo después de que Guillermo de Cumberland se marchase estalló una soberana pelea enfrente al escenario entre quienes abogaban por ver de inmediato al gerente del local y quienes querían destruír el mismo. Ganaron los segundos.
Se arrancaron los bancos, el telón e incluso las mamparas que separaban los palcos de las autoridades. Llevaron todo para fuera y, haciendo una pira con todos lo arrancado, le prendieron fuego.
Pero… ¿qué había ocurrido?
Las primeras sospechas se centraron en Samuel Foote (1.720-1.777), quien a la sazón era el encargado del teatro, y fue acusado de orquestar el engaño. El señor Samuel se defendió alegando que él no había organizado nada, aunque había advertido al propietario, John Potter, que quien había alquilado el recinto para aquella actuación era un hombre bastante misterioso. Finalmente se cerró la investigación sin llegar a ninguna conclusión, y los periódicos entonces comenzaron a hacer cábalas sobre la identidad del autor o autores, así como severas críticas hacia la crédula población que había creído que un hombre podía llegar a entrar en una botella de vino, algo a todas luces imposible por una simple cuestión de física.
Sin embargo, con el devenir del tiempo se ha afirmado cada vez más la teoría de que esta “actuación” no era más que una simple apuesta hecha entre dos caballeros, uno de los cuales sería John Montagu (el 2º Duque de Montagu), quien era conocido por su creencia en la simplicidad de la gente que no pertenecía a la nobleza podía ser engañada muy fácilmente.
Parece ser que en una conversación con otro pro-hombre británico (cuyo nombre se ha eliminado con mucha tenacidad, quizás para encubrir a algún miembro de la misma Familia Real), llegó a decir:

Afirmando en un periódico algo tan absurdo como que un hombre cupiese dentro del recudido espacio de una botella de vino, soy capaz de llenar a rebosar un teatro

Que el duque de Montagu organizase todo o no es algo que probablemente nunca se sabrá, pero lo cierto es que esa conversación lo identifica como el autor.

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