Iram, la “ciudad perdida”

Publicado: 19 enero, 2013 en Ciudades perdidas, Geología, Historia
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Restos de Iram en vista satelital

Restos de Iram en vista satelital

En la sura número 89 del Corán se lee la destrucción de una ciudad entera por parte de su deidad en castigo a su mal comportamiento. Un fragmento de ella dice:

¿No has visto cómo ha obrado tu Señor con los aditas,
con Iram, la de las columnas,
sin par en el país,
con los tamudeos, que excavaron la roca en el valle,
con Faraón el de las estacas,
que se habían excedido en el país
y que habían corrompido tanto en él?
Tu Señor descargó sobre ellos el azote de un castigo.

Es de suponer que a los cristianos les suene también la historia puesto que en la Biblia se recoge también un evento de similares características con el mito de Sodoma y Gomorra. Iram se menciona en el Corán como una ciudad próspera de comerciantes que con el tiempo habían dejado de lado la adoración religiosa para dedicarse a temas más banales. Según la tradición islámica, su rey, llamado Shaddād, desoyó las recomendaciones y advertencias de uno de los profetas musulmanes llamado Hud y provocó la ira de Alá.
En represalia, las arenas del desierto de Rub al-Jali se abrieron y engulleron la ciudad, sepultándola con sus habitantes hasta el fin de los tiempos como escarmiento y advertencia al resto de comunidades. El mundo occidental tuvo conocimiento de este mito por primera vez cuando se publicó la traducción del famoso texto de “Las mil y una noches“, especialmente la traducción de Richard Francis Burton en 1.884 (aunque Burton es más conocido por haber traducido el Kama Sutra en 1.883 ;)).
A finales del siglo XIX, quizás alimentado por este tipo de publicaciones y los relatos de la vida de Lawrence de Arabia, surgió una fascinación por la arqueología que acabaría por incluír entre otras ciudades a Iram como objeto de búsqueda. Sin embargo, no fue hasta la década de 1.990 cuando se anunció al mundo su localización. En esa época un equipo de cuatro personas formado por el arqueólogo aficionado (y director de cine) Nicholas Clapp, el aventurero Ranulph Fiennes, el arqueólogo Juris Zarins y el abogado y aventurero George Reynolds Hedges anunciaron que, tras numerosos estudios de campo y la revisión de fotografías satelitales de la NASA, habían dado con la ubicación exacta de Iram en la zona sur de Omán.
En una entrevista para la cadena de televisión PBS realizada en 1.996, Juris Zarins afirmó sin el menor atisbo de duda que habían localizado la ciudad perdida de Iram. Se trataba, a todas luces, de un importante hallazgo arqueológico en caso de ser cierto. Pero, como pasa a veces con los grandes anuncios, la cosa no era exactamente como la pintaban. Cuatro años más tarde, en 2.000, el mismo Zarins salió en otra entrevista en la que se mostraba bastante menos seguro que en la anterior, especialmente por el hecho de que las excavaciones que habían iniciado no revelaron ningún vestigio de lo que se podría considerar una gran ciudad. De hecho, al final acabó concluyendo que probablemente la ciudad yemení de Habarut se correspondiese con la antigua ciudad de Iram. Algo que descartaba totalmente la destrucción de la ciudad.
Y la cosa no terminó ahí, ya que el 20 de octubre de 2.002 Jonathan Leake difundió un comunicado en el que se ponía en duda que aquello fuese un “centro comercial de caravanas”, por no mencionar la remota posibilidad de que aquel pequeño asentamiento hubiese podido haber sido la capital donde se asentase un rey.

Pero entonces… ¿qué había en las presuntas ruinas de Iram?

En 2.002, luego de la denuncia pública hecha por el señor Leake, salió a la palestra el geólogo y arqueólogo H. Stewart Edgell, quien acusó sin tapujos a la NASA de haber buscado publicidad publicando unas fotografías engañosas y haber ocultado otras que habrían demostrado que la extensión de las ruinas era, en el mejor de los casos, los de una minúscula aldea. De hecho el tiempo reveló que lo que se creía que era Iram no era si no un pozo más en el que probablemente se proveyesen caravanas y en el que, a lo sumo, “hubiesen vivido un puñado de personas”.
El hecho de que se encontrase sepultado también tenía su explicación. El consumo del agua que se hacía provocó que a la larga la arcilla que servía de contenedor al lago subterráneo se fuese secando, con lo que perdió solidez y acabó finalmente por colapsarse sobre sí misma, hundiendo el suelo y las construcciones. Las arenas del desierto, por otra parte, acabaron tapando el hoyo y de ahí que la “ciudad” se hubiese “perdido”.
Así pues, la “ciudad perdida de Iram” no era más que un pozo con un pequeño número de personas viviendo a su alrededor.

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