Coralia y Maruxa, “las dos en punto”

Publicado: 15 enero, 2013 en Historia, Personajes
Estatua de Coralia y Maruxa Fandiño en Santiago

Estatua de Coralia y Maruxa Fandiño en Santiago

Toda ciudad tiene sus personajes más o menos pintorescos, detrás de los cuales, muchas veces, hay una historia oculta que nos hace perdernos parte de la esencia de esta gente.
Un buen ejemplo eran dos hermanas llamadas Coralia (1.914) y Maruxa (1.898), oriundas de Santiago de Compostela, que sobre todo en las décadas de 1.950 y 1.960 paseaban por el centro de la ciudad ataviadas con vestidos muy coloridos que ellas mismas se hacían. Con grandes dosis de humor, se dedicaban a pasearse con ropas de varios colores y maquillajes un tanto estrafalarios mientras flirteaban con los jóvenes universitarios. Solían salir a pasear sobre las dos en punto (de ahí uno de sus sobrenombres), hora en que la mayoría de estudiantes se dirigían a comer y, por tanto, cuando más actividad había por las calles del centro de Santiago.
No era poca la gente que pensaba que su salud mental dejaba algo que desear, que “les faltaba un hervor“, sin embargo tras esa fachada colorida se escondía algo que mucha gente desconocía: su vida no había sido precisamente fácil.
Pertenecientes a la familia Fandiño Ricart, eran hijas de un zapatero de la calle Espíritu Santo que, al igual que su mujer, falleció cuando ellas eran aún bastante jóvenes. Sumidas en la pobreza, hacían trabajos de costura para sus vecinos que, aún sabiendo que no eran muy buenas en la costura, les encargaban ropa para aliviar su pobreza. Tres de sus hermanos ( Alfonso, Antonio e Manuel) pertenecían a la CNT, algo que en tiempos del Franquismo constituía un delito por sí mismo.  Uno de ellos, Antonio, incluso fue paseado por el bando franquista. Con esas credenciales familiares (pobres y de izquierdas), los vecinos poco a poco dejaron de hacerles encargos por temor a ser identificados con ideologías prohibidas, por lo que dejaron de ganarse la vida con las agujas y la miseria volvió a acogerlas.
Pero a la pobreza se le sumaron otros problemas. Sus hermanos se escaparon de la represión y, para localizarlos, ambas hermanas fueron torturadas (se cuenta que incluso Maruxa fue violada por varias tropas en un monte cercano, aunque eso no hemos podido contrastarlo) en varias ocasiones aunque, para su desgracia, ellas tampoco sabían dónde se encontraban sus hermanos.

Las hermanas a finales de los '60 (foto: Xosé Guitián)

Las hermanas a finales de los ’60 (foto: Xosé Guitián)

Tuvieron numerosos problemas a la hora de encontrar trabajo ya que se corrió el rumor de que ellas eran miembros de la CNT también, algo falso. Se les atribuían funciones de enlace con los sindicalistas huídos al monte, incluso de sabotajes varios. Sin embargo, aunque Maruxa Y Coralia tuviesen unas ideas que se podrían tildar de izquierdas no eran, en ningún caso, ninguna suerte de activistas políticas. A pesar de todos estos reveses, la conciencia ciudadana del Santiago de aquella época les tenía cierto aprecio y no dejaban que pasaran hambre. Siempre a escondidas de la policía de lo político-social para no resultar detenidos, los vecinos les dejaban algo de dinero en las tiendas para que pudiesen comer sin que lo supiesen. Las hermanas eran pobres de solemnidad, sí, pero orgullosas y jamás aceptarían una limosna. De hecho, el propietario de una tienda de ultramarinos cercana a su casa era el encargado de llevarles la comida a casa diciéndoles que se trataba de promociones de las empresas y no de la mercancía que sus vecinos habían comprado para ellas -no sin esfuerzo-.
Pero, quizás lo que demostró en mayor grado las simpatías que despertaban fue cuando las dos hermanas se quedaron sin casa. En la destartalada casa que habitaban se produjo el desastre cuando una fuerte tormenta destrozó el tejado de la misma. Esta vez no hubo represión que valiese, los vecinos organizaron una colecta para reconstruírles la vivienda, cuestación en la que se recaudaron -según gente que dice haber participado- 250.000 pesetas (lo que vienen a ser unos 1.500 euros), una cifra que en aquellos tiempos llegaba de sobra para comprar una vivienda nueva.
Sin posibilidad de progresar, pues, las hermanas se dedicaban a pasear entre los estudiantes quienes asistían divertidos al espectáculo aunque ignorantes de la triste realidad que se escondía tras aquellos maquillajes y ropas coloridas. Los vecinos, sabedores de sus circunstancias, comprendían que su comportamiento era el fruto de años y años de reveses y, lejos de estigmatizarlas, las defendían a capa y espada de cualquiera que osase hablarles mal.
Con el paso del tiempo sus paseos fueron espaciándose poco a poco y su popularidad fue menguando hasta que en el año 1.980 fallecía Coralia, seguida por su hermana Maruxa en el año 1.983. Tras su muerte la historia de estas dos solteronas cayó en el olvido hasta que, en el año 1.994 el escultor César Lombera (Barakaldo, 1.956) culminó una lucha empezada 9 años antes y logró la autorización del ayuntamiento para ubicar una estatua a las dos hermanas en plena Alameda, donde hoy en día aún se puede contemplar.

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