Mike, un pollo sin cabeza

Publicado: 26 diciembre, 2012 en Bichos, Curiosidades, Personajes
Mike junto a su dueño y... si, la parte de la cabeza que le faltaba

Mike junto a su dueño y… si, la parte de la cabeza que le faltaba

Mike era un pollo campero normal que vivía picoteando cereales e insectos tranquilamente en su corral de Fruita, una pequeña localidad de unos 12.000 habitantes ubicada en el estado de Colorado (Estados Unidos).
La vida de Mike era apacible y hasta agradable ya que no tenía que ir muy lejos para comer ni tenía demasiado riesgo de caer presa de algún depredador. Sin embargo esta tranquilidad y anonimato llegarían a su fin cuando el 10 de septiembre de 1.945 su propietaria, Clara Olsen, decidió que ya que su madre iba a cenar con ellos le darían su plato preferido, pollo. Envió a su marido Lloyd al corral. El bueno de Lloyd eligió a uno que estuviese bien cebado, lo llevó a un cepo, alzó su hacha y…

se quedó de piedra cuando el pollo llegó por sus propios medios a la esquina donde se apiñaban el resto de pollos de la granja.

Es normal que al ser decapitados los pollos anden y hasta incluso aleteen, pero eso es un movimiento reflejo que por lo general no dura más de dos minutos. Como quiera que fuese, en lugar de ir a por el Lloyd llamó a su mujer para que viese el portento antes de meterlo en la olla. Cuando la mujer llegó, se llevó una sopresa: el pollo sin cabeza casi no sangraba y estaba vivo. Aún más sorprendidos se quedaron cuando, a la mañana siguiente (el porqué no remataron el “trabajo” nunca quedó muy claro, y tampoco sabemos si la madre de Clara cenó pollo o unas croquetas) fueron al corral a recuperar el cadáver y se dieron cuenta de que lejos de estar muerto el pollo estaba en su poste-dormitorio tapando el muñón que le quedaba en el extremo superior del cuello con el ala, la postura de dormir de la mayoría de las aves. ¿Qué había pasado?
La explicación es que a la suegra de Lloyd adoraba el pollo, pero sobre todo el cuello, por lo que trató de decapitar al animal dejando la mayor parte de cuello posible. El caso es que tanto apuró el hachazo que en lugar de seccionar toda la cabeza se dejó por cortar la vena yugular, así como la mayor parte del cerebro y hasta un oído. Lloyd metió la cabeza en un tarro con alcohol y, ya que estaba aparentemente vivo, le administró una mezcla de agua y grano triturado por el agujero correspondiente a la garganta. Mal no le sentó, desde luego, ya que al día siguiente el pollo estaba de paseo otra vez por las inmediaciones del corral.
Con el pollo, ahora bautizado como Mike, en una jaula y el tarro en el asiento de acompañante, Lloyd recorrió los 400 kilómetros que le separaban de la Universidad de Utah, ubicada en Salt Lake City (ciudad con la que no se complicaron demasiado en ponerle nombre) para ver qué le podían comentar los entendidos en la materia. Lo que le dijeron tras unos días de estudio le dejó asombrado. Al no afectar a un vaso principal, los vasos sanguíneos secundarios cortados permitieron que se formase un coágulo, deteniendo así una hemorragia que se preveía mortal. Igualmente el cerebro quedó casi intacto, permitiendo que los movimientos reflejos del animal siguiesen funcionando, por lo que aunque no podía ver, podía tragar, andar, respirar y todas esas pequeñas cosas que a los seres vivos nos da por hacer.
Lloyd, que de tonto tenía más bien poco, siguió alimentando al pollo y se dedicó a pasearlo por ferias varias cobrando 25 centavos a todo aquel que quisiera ver cómo se las arreglaba un pollo que no tenía cabeza pero que seguía a su dueño cuando éste lo llamaba. La fama del “Increíble Mike, el pollo sin cabeza” empezó a crecer y los Olsen acabaron por hacerle un seguro de vida de 10.000 dólares, por si acaso. Durante 18 meses los Olsen y Mike no dejaron de viajar, ganando varios miles de dólares con su espectáculo.

La estatua de Mike en Fruita

La estatua de Mike en Fruita

Desgraciadamente para los Olsen, los viajes llegaron a su fin una noche mayo de 1.947, tan sólo 18 meses después del extraño suceso que convirtió a un simple pollo que iba a ser cocinado en una estrella mediática. Aquella noche, haciendo un alto en un hostal cercano al desierto de Arizona, Mike comenzó a ahogarse y Lloyd buscó desesperadamente el cuentagotas que utilizaba para alimentarle y asearle el gaznate. Incomprensiblemente aquella noche lo había dejado en el coche, con lo que tuvo que salir corriendo para asistir a su pollo. Desgraciadamente, cuando el señor Olsen llegó atropelladamente a la habitación con el cuentagotas en la mano, el esófago de su macota había estado demasiado tiempo obstruído y sin permitir el paso del aire. Mike ya estaba muerto.
Como homenaje al Increíble Mike la ciudad de Fruita erigió e inauguró una estatua en el año 1.999. En torno a esa estatua (y por todo el pueblo en general) se celebra cada tercer fin de semana de mayo el Mike’s Festival, un fin de semana caracterizado por el humor y la exaltación de los pollos en general. Y de Mike en particular.
De hecho, se ha llegado a proponer a Mike para las elecciones a la presidencia de Estados Unidos

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