Prohibido recordar. La cárcel de Saturrarán

Publicado: 19 diciembre, 2012 en Denuncia, Historia

Hace casi 75 años, el 29 de diciembre de 1937, el régimen de Franco destinó los edificios del balneario y el seminario levantados en la playa que se encuentra entre Ondarroa y Mutriku a albergar una cárcel para mujeres republicanas. Antes de la entrada de los nacionales en Gipuzkoa y Bizkaia, dichos edificios fueron utilizados como cuartel por el Ejército Vasco.

El espacio en el que se pretendía recluir a 700 mujeres llegó a albergar a 1.500 presas, muchas de las cuales fueron encarceladas junto con sus hijos e hijas. Algunas de las mujeres habían luchado en el frente o habían participado en grupos republicanos. Otras fueron apresadas por el simple hecho de ser hijas, mujeres o madres de quienes lucharon en la guerra en el bando republicano. Las responsables del cuidado de las reclusas fueron unas veinticinco monjas mercedarias, quienes sometieron a las mujeres que estaban a su cargo a una disciplina férrea y a incontables vejaciones. Con la excusa de organizar su ocio y redimir sus penas, organizaban talleres para realizar condecoraciones de guerra o representaciones teatrales de carácter religioso en las que debían participar las presas. Aunque pocos parecen recordarlos ya, a dichas actuaciones acudían mandatarios civiles y militares locales, junto con representantes extranjeros.
Aquellas mujeres encerradas en la cárcel de Mutriku también tuvieron que soportar castigos muy severos e incluso abusos sexuales. Entre los castigos más duro se encontraban los encierros en el sótano del edificio que permanecía negado por el agua del arroyo. Allí retenían a las mujeres que se veían invadidas por el nivel del agua que subía y bajaba según la marea.
Aquellas mujeres vivieron hacinadas y en condiciones penosas junto con sus hijos y pasaron hambre y todo tipo de enfermedades. La falta de alimentos se debió también al estraperlo que las propias monjas realizaban. Cuando conocieron la situación de las mujeres presas de Saturraran, los habitantes de la zona comenzaron a llevarles comida y ropa y a ayudarles en todo lo que podían. Tras años de silencio y desmemoria, en los últimos tiempos se está tratando de sacar a la luz la realidad de la cárcel de Saturrarán. La mayoría de las mujeres que estuvieron allí ya han fallecido, pero, igual que ellas, también las que están vivas merecen recuperar su dignidad.

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