La aldea de los cocodrilos “amorosos”

Publicado: 18 diciembre, 2012 en Bichos, Curiosidades
¡¡Hola, muchachada!!

¡¡Hola, muchachada!!

Los cocodrilos son un orden de reptiles muy antiguo (entre 83 y 84 millones de años de antigüedad) que se reparten actualmente por África, América y Asia, aunque anteriormente también estaban presentes incluso en Europa. Con un tamaño que oscila entre el metro y medio de longitud del cocodrilo enano (Osteolaemus tetraspis) hasta los más de seis metros y medio del cocodrilo de estuario (Crocodylus porosus), son unos seres a los que generalmente todo el reino animal teme. Y no es para menos ya que un cocodrilo de estuario adulto tiene una fuerza de mordida superior a los 1.000 kilogramos. De hecho, la fuerza de mordida más alta jamás medida se corresponde con un macho de C. porosus de unos 4’5 metros de longitud llamado Hércules -llamado así ya antes de medir su potencia mandibular 😀 -. Dicho ejemplar arrojó la increíble cifra de 16.414 Newtons (presión equivalente a unos 1.673’3 kilogramos por cm2). Sin embargo, no todos son tan temibles. Al igual que ocurre con todos los animales, también entre los cocodrilos existen seres individuales con su propio carácter, e incluso algunos que parecen contradecir todo lo que de ellos pensábamos. O al menos eso es lo que os dirían a los habitantes de Paga, una pequeña localidad de unos 1.000 habitantes ubicada en el norte de Ghana, justo en el borde fronterizo con Burkina Faso. En esta pequeña aldea tienen unas cuantas charcas que ellos consideran sagradas en las que habitan aproximadamente tantos cocodrilos del desierto (Crocodylus suchus) como humanos en la aldea aledaña. Cuentan sus mayores que

hace mucho tiempo, llegó un antepasado a la zona después de un larguísimo viaje. El pobre anciano estaba prácticamente agonizando por causa de la deshidratación causada por la larga caminata y el clima semidesértico de la zona. Un viejo cocodrilo que lo observaba se apiadó de él y lo animó a seguirlo hasta una charca cercana, salvando con esto su vida. El anciano, en agradecimiento, declaró sagradas las charcas y a sus habitantes, jurando que desde ese día en adelante nadie osaría atacar a los cocodrilos que en ella residían

Leyendas tribales al margen, es preciso señalar que algo de cierto sí que hay en esta historia que los lugareños cuentan a todo aquel que la quiera escuchar. De los aproximadamente 1.000 cocodrilos que viven allí, ninguno de ellos ha sido víctima jamás de un ataque por parte de un ser humano. Aunque también es preciso decir que de los aproximadamente 1.000 habitantes que allí residen ni el más anciano de todos recuerda la última vez que uno de los cocodrilos abrió sus fauces para cerrarlas en torno a un ser humano.

Lugareño conversando con sus vecinos

Lugareño conversando con sus vecinos

Y tampoco hacia las vacas, cabras y ovejas que constituyen su modo de vida. ¿Qué es lo que pasa en Paga, entonces? Aunque pueda parecer ciertamente extraño, los cocodrilos de Paga no sienten la menor tentación de atacar a cualquier cosa que sea más grande que un pollo. Un pollo como los que, por ejemplo, les dan los vecinos para honrarlos y de paso tener a raya su apetito. Porque sí, ése es el secreto. Los cocodrilos no son seres especialmente valientes y sus ataques a humanos se corresponden con períodos de hambre. Al estar alimentados constantemente se reduce su necesidad de cazar, por lo que lejos de lo que pueda parecer, tener charcas repletas de cocodrilos al lado de casa es bastante seguro si son alimentados con frecuencia. De hecho, los cocodrilos de estas charcas están ya tan acostumbrados a la presencia del ser humano que han desarrollado una gran indiferencia hacia nosotros. Y los lugareños, que de tontos no tienen nada, han empezado a sacar provecho a esta relación tan especial: tras muchas generaciones residiendo allí, los cocodrilos se han acostumbrado a acudir cuando algún humano silba; especialmente cuando éste lleva un pollo en la mano 😀 Mucha gente se sorprende cuando llega a la aldea y ve a los niños nadando plácidamente (si se puede decir que los niños son capaces de nadar plácidamente, vamos) entre cocodrilos, o a las vacas apartando con el hocico a un cocodrilo para beber. Pero se sorprenden aún más cuando los lugareños les hacen señas para que se acerquen a uno de los cocodrilos que están tomando el sol, animándoles a tocar la cola de un cocodrilo “salvaje” y vivo. De hecho, si se tiene un poco de delicadeza es posible hasta sentarse encima de los duros lomos de estos fantásticos saurios sin temor a que se revuelvan y ataquen a uno. De estas visitas se encarga un equipo de jóvenes locales que siempre están atentos de que lo que según ellos es imposible (dejémoslo en improbable) suceda: que algún turista salga de Paga con una extremidad menos. Hasta la fecha no se ha producido ningún altercado entre saurios y guiris, esperemos que siga así.

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Pues yo opino que

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