La calle más concurrida del mundo

Publicado: 9 diciembre, 2012 en Bromas, Personajes
Aspecto de la calle  (grabado de la época)

Aspecto de la calle
(grabado de la época)

El 27 de noviembre de 1.809, en torno a las 5 de la mañana, un deshollinador llegó al número 54 de la calle Berners, ubicada en la ciudad de Westminster. Allí, al parecer, residía la señora Tottenham, quien al parecer había requerido por correo y con urgencia sus servicios. La sirvienta que le abrió la puerta le dijo que debía haber algún error ya que su señora no le había dicho que se hubiesen solicitado los servicios de ningún deshollinador para ese día. Al poco de irse éste, llegó otro, quien recibió la misma respuesta. A este nuevo deshollinador le siguió otro, y luego otro, y otro, hasta completar un total de 12. Parece ser que la señora Tottenham no había solicitado nada.

Y la cosa se hubiese quedado así de no ser porque cuando el último de los deshollinadores se marchaba llegó una carreta con carbón que se dirigía al mismo número de la calle. Dicha carreta además no venía sola ya que detrás había otras 20 carretas, que a su vez precedían a una hueste de pasteleros con tartas de boda, que a su vez venían médicos, abogados, sacerdotes, pianos y hasta incluso seis fornidos hombres transportando un órgano. El cortejo tomó aires aún más esperpénticos una vez que pasó el mediodía (hora de comer británica), ya que al gentío que esperaba delante del número 54 de la calle Berners no tardaron en sumársele personalidades -y sus correspondientes comitivas de acompañamiento- de la urbe como eran el Duque de York, el Arzobispo de Canterbury, el Lord Mayor de Londres o hasta el mismísimo Gobernador del Banco de Inglaterra. Dada la ingente multitud que ya había congregada enfrente del inmueble y lo estrecha que era la calle, se montó una congestión “indescriptible” según los periódicos de la época. Si a todos estos visitantes se le suman además la inmensa cantidad de curiosos que se acercaron a ver qué pasaba, el resultado estimado es que la cuarta parte de Londres acabó pasando por allí en algún momento del día. Y, de hecho, siguieron llegando carros con mercancías hasta el anochecer, lo cual sumió buena parte de Westminster en el caos más absoluto. La pregunta que supongo que os surgirá es… ¿qué demonios pasaba allí?.
Bien, la respuesta es que…

ALLÍ NO PASABA ABSOLUTAMENTE NADA

Theodore Hook, el perpetrador de la broma

Theodore Hook, el perpetrador de la broma

Todo ese gentío se debía a Theodore Hook, un compositor de escasa fama que era principalmente conocido por sus bromas y sus apuestas con los amigos. Theodore había apostado que era capaz de conseguir que en una semana la calle Berners fuese la más nombrada por la gente de toda Inglaterra, algo que indudablemente consiguió. Para lograrlo se pasó tres semanas escribiendo un total de unas 4.000 cartas a diversos negocios y personalidades fijando una fecha (el 27 de noviembre) para solicitar visitas y/o mercancías. Theodore alquiló la casa de enfrente al mencionado número 54, donde se pasó el día observando -con regocijo, se intuye- su gesta en compañía del amigo con quien había hecho la apuesta. A pesar de estar en el lugar de autos, misteriosamente Theodore logró evitar ser capturado y, tras pasar “un par de semanas en la cama por enfermedad”, se marchó de viaje unos meses.
Aunque nunca fue detenido ni interrogado por estos hechos, todo aquel que conocía a Theodore y a su peculiar sentido del humor estaba convencido de que él había sido el artífice.

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Pues yo opino que

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