Josef Ressel, el desconocido que revolucionó la navegación

Publicado: 26 agosto, 2012 en Barcos, Genios olvidados, Grandes inventos
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Josef Ressel

Quizás hoy en día el sistema de hélices no nos sorprenda y estemos más o menos acostumbrados a su forma (sobre todo por los ventiladores en veranito, ¿verdad? :D), lo cierto es que su creación tiene una historia bastante extensa y un creador que para el público general es un completo desconocido. El inventor de las propulsión por hélices en barcos era un hombre de origen austrohúngaro y, a pesar de lo que parezca, no era un físico si no un guardabosques. Josef Ressel nació en Chrudim, una pequeña localidad de Bohemia (en la actualidad pertenece a la República Checa) el día 29 de junio de 1.793. Siendo muy joven su padre falleció, por lo que tuvo que dejar los estudios de historia natural y química que estaba cursando en České Budějovice para mantener a su familia. Entró a formar parte de la plantilla de guardabosques del gobierno austrohúngaro, cargo en el que se le encargó inventariar la producción de madera (materia prima muy importante en aquella época) de la zona de Motovun (Istria). Esa madera se empleaba mayoritariamente en suplir a los astilleros de Trieste, un importante centro naval. Pero lo que en verdad llamaba la atención de Josef era la tecnología.
El tiempo libre que le dejaba su trabajo -poco, a decir verdad por la cantidad de terreno que tenía que cubrir- lo empleaba fundamentalmente en buscar mejoras tecnológicas y ver cómo se podían introducir. Durante el año 1.825 tuvo que hacer una travesía entre Trieste y Venecia, utilizando para ello un vapor de ruedas. Era el tipo de barco más veloz en la época, pero los barcos equipados con este sistema eran generalmente pequeños y ruidosos, por no mencionar que eran el tipo de barco con los pasajes más caros. Ni que decir tiene que Josef quedó consternado con su viaje y, dada su afición a innovar, comenzó a pensar en algún método que sustituyese ese medio de propulsión. Y, como ocurre muchas veces, un hecho cotidiano hizo dispararse su inspiración. Abriendo una botella de vino comenzó a pensar en la idea de que si un sacacorchos tiraba del corcho por su forma, ¿por qué no se podía adaptar esa forma a un aparato que “tirase del agua” igualmente y así conseguir un nuevo sistema de propulsión?
Ya en el siglo III antes de nuestra era se había pensado en algo similar, aunque para otro tipo de uso diferente: el tornillo de Arquímedes. Este aparato se utilizaba primordialmente para elevar caudales de agua y así mejorar la irrigación. Incluso esta idea había sido utilizada por Holanda a principios del s. XVIII para desecar terreno ganado al mar.
Para poder llevar a cabo su idea necesitaba una cosa de la que no disponía en abundancia precisamente: dinero. Como tampoco tenía propiedades suficientes para poder avalarse para un crédito bancario, decidió intentar convencer a los empresarios de su zona. El único que se tomó la molestia de recibirle fue un armador apellidado Morgan, quien en un principio pareció gratamente sorprendido por el sistema de Ressel. Sólo había un pero que a la postre fue decisivo para negarle su ayuda: Morgan era un magnate de los vapores de rueda. Si financiaba la investigación y ésta tenía éxito, podría poner en peligro su negocio. Morgan, por tanto, tras unas buenas palabras finalmente declinó su apoyo económico.
Mientras seguía desarrollando la aplicación de su invento en el astillero donde trabajaba un amigo, se vio sorprendido por dos hombres de negocios que, apareciendo de la nada, decidieron darle dinero para construír al fin su primer prototipo. Josef, una vez superados los problemas económicos, fue puliendo la idea hasta llegar a un pequeño tornillo de Arquímedes que, colocado en la proa de una barca e impulsado manualmente, logró hacer avanzar la embarcación por el río Krka. Esto, curiosamente le trajo algunos problemas con los pescadores locales ya que alegaban que el ruido que hacían las manivelas espantaba la pesca. Discusiones al margen, a Josef le entusiasmó la idea de poder mejorar su invento y aplicarlo a barcos más grandes.
El éxito de esta travesía fluvial hizo que Josef se decidiese a patentar su sistema de propulsión, patente que le costó casi el salario de un mes (y varias discusiones con su mujer) y que se hizo efectiva en 1.827. Mientras seguía desarrollando la idea de construír un artilugio mucho más grande para dotar a los barcos de pasajeros con este sistema, un empresario llamado Octavio Fontana se acercó a su taller y le ofreció dinero a cambio de que le cediese su patente y también darle un porcentaje del beneficio producido por su invento. Aunque un poco reluctante al principio, Josef acabó cediendo ya que por sí mismo nunca lograría reunir el dinero necesario para llevar a buen término su proyecto. Constituída la asociación, empezaron antes de nada a publicitar la creación de una nueva línea marítima Trieste-Venecia con una flota de barcos que tendría este novedoso sistema de propulsión, mejorando enormemente la comodidad y velocidad del viaje. La respuesta de Morgan no se hizo esperar y empezó a presentar una demanda tras otra contra aquella nueva empresa que comprometía seriamente su monopolio de la ruta. Poco después llega un decreto real que impide la puesta en marcha de la nueva compañía ya que vulnera los “derechos exclusivos de la compañía de Morgan”. Sí, en aquellos tiempos había leyes que protegían el monopolio.
Tras este revés, Josef se va a Viena a intentar convencer al conde Surau (jefe de la Cancillería Real) de que en realidad los privilegios de Morgan se extienden sólo para los vapores de ruedas, no para los de hélice. Logra convencerlo y el conde le concede permiso para poner en marcha la compañía. No obstante, le impone una condición: debe usar los motores que fabrica una de las fábricas propiedad del barón Franz von Pillersdorf (gran amigo del conde Surau) y ningún otro. Josef tenía en mente usar los motores británicos que tenía gran reputación en cuanto a fiabilidad, pero no le quedaba otro remedio y accedió a esta condición. Lo acabaría lamentando.
Equipando con varias modificaciones un barco de vapor llamado Civetta, finalmente estuvo todo listo para la prueba inicial, que se llevó a cabo en el puerto de Trieste en el verano de 1.829. En esa primera prueba a tamaño real había numerosos invitados, que se sorprendieron muy gratamente al notar la suavidad con la que se alcanzaron unos 6 nudos (aproximadamente 11 kilómetros por hora, el doble de la velocidad de los vapores de ruedas) y especialmente el silencio comparado con los otros vapores. Todo fue de maravilla hasta que el motor se paró. Bajo presión de Morgan (que en realidad sí había visto el tremendo potencial del invento) a Josef no se le concedieron más permisos para hacer pruebas, con lo que no pudo mejorar el sistema.
Esto fue considerado un fracaso del dispositivo propulsor y no (como en verdad fue) un fallo de un motor cuya potencia era mucho más baja de la necesaria. Cálculos posteriores han demostrado que con un motor a la altura de las circunstancias el Civetta hubiese surcado el muelle triestino a, al menos, el doble de velocidad.
La historia de Josef se desvincula de la historia de las hélices en este punto ya que, en un alarde de ingenuidad, le explicó con todo detalle el funcionamiento de su sistema a un presunto hombre de negocios francés, quien en realidad era un armador interesado en su invento. Cándidamente Ressel llegó a prestarle los detallados planos de su invención a este hombre para que pudiese observarlos con toda tranquilidad, aunque lo que ese hombre hizo fue copiarlos y venderlos a un grupo de británicos acaudalados. Tras numerosos juicios sobre el sistema, al final otorgaron la paternidad de él al grupo de cinco británicos que habían comprado el secreto de Josef al “comerciante” francés.
Después vinieron muchas mejoras y muchas patentes, incluyendo la de poner la hélice a popa o cambiar el sistema de tornillo de Arquímedes a uno de palas separadas, tal y como la conocemos hoy en día.
Josef Ressel falleció en Liubliana el día 9 de octubre de 1.859, siendo testigo de cómo su invento era utilizado ya por un número cada vez mayor de embarcaciones mientras él era olvidado por todos. Quizás no lograse hacer el sistema definitivo, pero no hay ninguna duda de que Josef Ressel fue el auténtico padre de la propulsión por hélice.

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comentarios
  1. anlly paola dice:

    muy buena la historia mirenla es muy buena

Pues yo opino que

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