El primer canal de Suez

Publicado: 6 mayo, 2012 en Antiguo Egipto, Barcos, Construcciones, Grandes inventos
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Mapa del Antiguo Egipto

En el año 1.869 se inauguraba con gran fasto una obra de ingeniería tildada de “magnífica” en Egipto. Se trataba de un canal que comunicaba el mar Mediterráneo con el mar Rojo, permitiendo así una vía de comunicación entre Europa y Asia sin tener que rodear todo el continente de África. Los 163 kilómetros de curso fluvial artificial abiertos entre Port Saíd y Suez abrían nuevas posibilidades entre el comercio euroasiático, y también otorgaban una buena posibilidad de comercio a estas dos ciudades egipcias.
El 10 de Abril de 1.859 se inauguraron oficialmente las obras de esta gran obra bajo la supervisión de Ferdinand de Lesseps, y se prolongarían durante un lapso de 10 años.
Aproximadamente el 7’5% del volumen de transporte marítimo mundial para actualmente por este canal, lo que nos da una idea de la importancia que tiene. Sin embargo, aunque fue el primer canal que comunicó Mediterráneo y mar Rojo no fue el primer canal en desembocar en Suez.
Se sabe de la idea de construir un canal hacia el mar Rojo (si bien no desde el Mediterráneo) desde los tiempos del Imperio Antiguo, aunque en aquella época en realidad se trataba de una vía mixta, parte de ella por tierra firme. Las embarcaciones se desmontaban al salir de los brazos del Nilo y se trasladaban hasta las orillas de los Lagos Amargos. Este sistema de transporte en realidad no hacía avanzar demasiado, ya que si bien se avanzaba más rápido por el agua, el tiempo de montaje y desmontaje de los barcos (así como su carga y descarga) finalmente no solía compensar la diferencia de rapidez con una caravana de camellos.
Ramsés II decidió que este sistema tenía que ser mejorado; quizás movido por su afán constructor (fue uno de los faraones más prolíficos) pensó en comunicar directamente el Nilo con el mar Rojo para mejorar el tiempo de viaje y, cómo no, aumentar su prestigio a ojos de sus súbditos. En torno al 1.200 antes de nuestra era ordenó el traslado de multitud de trabajadores que a la sazón se encontraban llenando de obras las riberas del Nilo y la construcción de una vía de agua de unos 100 kilómetros de longitud que comunicaba la ciudad de Bubastis con el lago Timsah. Aunque la idea original era seguir hasta los Lagos Amargos, uno de los pocos errores de cálculo de sus ingenieros que han llegado hasta nuestro conocimiento hizo que las obras tuviesen que detenerse; había una diferencia de altitud que hacía inviable la conexión del canal con los lagos.
3.000 años más tarde, en 1.799, los ingenieros de Napoleón tuvieron el mismo problema en su intento de construcción del canal de Suez 😀
Por supuesto las continuas ansias de superar a sus antecesores propias de los faraones hicieron que esto no quedase así, y Necao II retomó el proyecto dejado por Ramsés II 650 años antes, logrando finalmente unir el lago Timsah con los Lagos Amargos dando un pequeño rodeo. Aunque su idea era llegar finalmente desde allí hasta el mar Rojo, sus sacerdotes comenzaron a ver extraños presagios y finalmente un oráculo le comunicó que ese canal sería un punto por el que entraría una invasión devastadora si lo finalizaba. Ante esta advertencia, Necao II dejó el proyecto así.
Y así se quedaría de no ser por la llegada de un invasor persa: Darío I El Grande. Como buen persa no creía en los presagios egipcios por lo que en cuanto tuvo conocimiento de la obra empezó a considerar si tendría utilidad.
Y la tenía, vaya que si la tenía.
Unos 150 años después de que Necao II parase las obras, sobre el 500 a. E., Darío I ordenó proseguir desde los Lagos Amargos hasta el mar Rojo. El resultado fue una canal de casi 50 metros de anchura, lo suficiente como para que se pudiesen cruzar dos naves que fuesen en sentidos inversos y así lograr una fluidez de tráfico que de ser más estrecho no se conseguiría. También dotó al canal con unos caminos en ambas orillas para que los barcos pudiesen ser remolcados con cuerdas desde tierra en caso necesario. La inauguración del canal no pudo ser más fastuosa y simbólica: los primeros barcos en utilizarlo fueron los 24 en los que salió el botín de la conquista egipcia con destino a la flamante y nueva capital del imperio persa, Persépolis. Este canal supuso además una revolución económica ya que reducía mucho los tiempos para viajes comerciales.
En el siglo I de nuestra era el canal quedó inutilizado tras la conquista romana principalmente por la falta de mantenimiento, aunque Trajano decidió volver a limpiarlo y darle el nombre de “Río de Trajano”. Menos de 200 años bastaron para que el canal volviese a quedar inutilizado por desidia, y así se quedó hasta que en el año 641 el califa Omar ordenó su limpieza para poder comerciar nuevamente a través de esta vía. Sin embargo, en menos de un siglo el califa Al-Mansur ordenó su nueva inutilización por los mismos motivos que Necao II: la posibilidad de una invasión.
Este fue el fin del “Canal de los Faraones” como se le conoce, y el fin también de la comunicación entre el Mediterráneo y el mar Rojo hasta mediados del siglo XIX.
Pero eso, amigos, es otra historia 😉

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