Grandes epidemias: el Kuru

Publicado: 20 febrero, 2012 en Grandes epidemias, Tribus
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Los Fore, nuestros protagonistas

En la provincia de las Tierras Altas Orientales (Papúa Nueva Guinea), se localiza el distrito de Okapa, donde sobrevive aún a día de hoy una tribu bastante primitiva conocida como los Fore. Para su subsistencia poseen un sistema agrícola basado en el corte y quema o agricultura migratoria, apoyada en menor medida con la caza de pequeños animales en las -de momento- abundantes selvas papuanas. Actualmente la población de esta tribu se cifra en unos 20.000 individuos, separados en dos poblaciones al Norte y al Sur de la Cordillera de Wanevinti.
Al margen de la enorme importancia etnográfica que una tribu de estas características tiene (desgraciadamente cada vez hay menos), en el pasado los Fore también tenían una característica que los hacía únicos en el mundo: una enfermedad neurológica degenerativa que los azotó como si de una epidemia se tratase en el siglo XX.
Las primeras investigaciones sobre esta tribu papuana datan de mediados del siglo XX. Antes de eso los Fore habían tenido un contacto mínimo y casi anecdótico con los primeros colonizadores europeos (alemanes, británicos y holandeses) entre 1.884 y 1.900. En la década de los años ’30 un pequeño grupo de exploradores cruzó su zona y se sabe que al menos un avión se estrelló en su territorio a lo largo de la II Guerra Mundial.
No fue hasta el año 1.953 cuando empezaron a llegar investigadores hasta los Fore. Tras un primer gran choque cultural, poco a poco la tribu fue perdiendo su belicosidad hacia los extranjeros y, desgraciadamente, también comenzaron los intentos por “civilizar” a estas gentes, especialmente de mano de misioneros religiosos. En ese año, el investigador y explorador australiano W. T. Brown notó que había una extraña enfermedad que estaba produciendo numerosas muertes entre los Fore del Norte. En su informe de actividades entre el 13 de Enero y el 20 de Febrero de 1.954 escribió:

La primera señal de que se aproxima una muerte inminente es que el enfermo siente una flojera muscular que pronto deriva en una debilidad general y graves problemas para ponerse en pie. La víctima apenas se siente con ganas para salir de su casa desde entonces. Aunque puede ingerir algún alimento sufre unos terribles temblores. Más tarde pasa casi todo el día acostada y después ya no se levanta; no puede comer y, finalmente, muere

Siguiendo con sus observaciones ante el problema, notó que los enfermos (de los cuales en su inmensa mayoría eran mujeres y niños) pasaban por tres fases diferenciadas, y determinó llamarle a esta nueva y desconocida enfermedad “Kuru”, nombre que en la lengua de los nativos significa aproximadamente “temblor con fiebre y frío”. Estas fases eran las siguientes:

  • Fase ambulatoria: al principio de los síntomas el enfermo tiene temblores generalizados, fallos en la coordinación de movimientos y disartria
  • Fase sedentaria: falta severa de movilidad, ataxia, aumento en frecuencia de temblores y primeros síntomas psiquiátricos como profunda depresión
  • Fase terminal: agravamiento grave de las etapas anteriores, incontinencia urinaria y/o fecal, disfagia y finalmente convulsiones para finalizar en la muerte

Tras el anuncio de una posible epidemia, las autoridades australianas decidieron investigarla a fondo ante el temor de que pudiese extenderse. En 1.961 se levantó el hospital de Awande para albergar a los enfermos de Kuru y de paso investigar la misteriosa enfermedad. En un principio se pensaba que era alguna clase de enfermedad genética ya que sólo afectaba a los nativos de la zona.
Tras unos estudios iniciales hechos por el personal médico del hospital, se hizo cargo de la investigación el doctor estadounidense Daniel Carleton Gajdusek junto a su homólogo australiano Michael Alpers. En 1.966 el doctor (actualmente es profesor) Alpers remitió a Gajdusek una muestra del tejido cerebral de una joven fore de 11 años de edad llamada Kigea, quien acababa de fallecer a causa del Kuru. Gajdusek inoculó con los tejidos contaminados a dos chimpancés. Dos años más tarde uno de los chimpancés, una hembra llamada Daisy, desarrolló el Kuru, demostrando con ello que la enfermedad se transmitía a través de biomaterial infectado.
Después de este descubrimiento se unió al equipo el conocido médico y antropólogo Baruch Samuel Blumberg. En un principio, y gracias a las notas aportadas por los médicos, pensaron que se trataba de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (ECJ), una encefalopatía espongiforme transmisible similar al llamado “mal de las vacas locas” que se transmite tanto genéticamente como a través de priones. Sin embargo, tras analizar el caso se dieron cuenta de que no era exactamente lo que pensaban ya que esta enfermedad se desarrolla con más celeridad de la que caracteriza al Kuru. Con el tiempo se supo que el Kuru tiene un período de incubación de entre 5 y 20 años, algo no acababa de cuadrar con las enfermedades conocidas.
Posiblemente su origen sí estuviese relacionado de alguna manera con la ECJ, aunque acabó difiriendo en cuanto a tiempo de incubación de un modo bastante grande.
El descubrimiento de esto le granjeó al tándem Gajdusek-Blumberg el Premio Nobel de Medicina en el año 1.976 «por sus descubrimientos sobre nuevos mecanismos del origen y diseminación de enfermedades infecciosas».
Finalmente ya se tenía conocimiento del tipo de enfermedad, aunque sin embargo, faltaba algo por saber… ¿cómo se propagaba esta enfermedad?

La explicación era sencilla, aunque quizás no por ello menos sorprendente: los contagios se producían cuando el enfermo moría.

La respuesta la tenía la costumbre funeraria de los fore. Hasta los años ’60 era costumbre entre ellos el hecho de comerse a sus muertos de una manera ritual, para que su fuerza vital volviese a la aldea. Esto explicada además por qué afectaba en mayor medida a mujeres y niños, y es que los hombres comían trozos seleccionados (especialmente manos y pies), dejando para el resto de habitantes todo lo demás. Así, mujeres y niños comían lo que los hombres dejaban, especialmente el cerebro del difunto que era precisamente donde se concentraba la mayoría de los priones.
A pesar de que esta práctica cesó totalmente sobre mediados de los años ’70, la última víctima registrada de las 2.000 (el 10% de la etnia Fore) que fallecieron por el Kuru murió en 2.005, debido a la enorme latencia de la que es capaz esta enfermedad.

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comentarios
  1. […] Era la primera descripción del kuru, una rarísima enfermedad que en un primer momento se pensó que era genética y hereditaria, pues sólo existía en este grupo. Kuru, en la lengua de los Fore, significa “temblor con fiebre y frío”. Ante el temor de una posible epidemia, las autoridades australianas decidieron investigar a fondo esta misteriosa enfermedad, y se abrió el hospital de Awande para albergar a los enfermos y estudiarla de cerca. […]

Pues yo opino que

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