Amigos de las serpientes: Grace Wiley

Publicado: 16 febrero, 2012 en Amigos de las serpientes, Bichos, Personajes
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Grace posando con una cobra real (Ophiopagus hannah)

Uno de los animales que más fascinación causan tal vez sean las serpientes. De alguna manera acaban conjugando en la mayoría de las personas una mezcla de admiración por sus a menudo espectaculares coloridos y odio irracional causado por creencias erróneas sobre su verdadera naturaleza. Y por instigación religiosa en el caso de los cristianos también, por absurdo que suene. Yo, personalmente, me quedo al margen de esa mezcla encontrada de sentimientos ya que a mí me tienen totalmente ganado 😀
A lo largo del tiempo ha habido gente que se ha interesado por ellas más allá de saber cómo evitarlas. De hecho, hubo bastante gente que quiso acercarse y comprenderlas, y tratar de explicarnos que no se trata de monstruos fríos y calculadores que buscan el mínimo resquicio posible para acabar con la especie humana. Que no son una “creación del maligno” ni nada que se le parezca. Que son, en definitiva, una parte más del complejo entramado de seres vivos que hay en nuestro planeta y que como todo bicho viviente, también tienen su función en el equilibrio natural.
Por ello, por toda esa gente que en la sombra ha ido poco a poco despejando las sombras de nuestro conocimiento, voy a dar paso a una pequeña sección que llamaré “Amigos de las serpientes” en la que os iré presentando a unos cuantos herpetólogos (y herpetólogas) cuya contribución ha sido fundamental para alcanzar el conocimiento que hoy en día tenemos sobre los ofidios. Siguiendo el tópico de “las damas primero”, doy inicio a este tema con una mujer: Grace Wiley.
En el año 1.883 vino al mundo Grace Olive Wiley, una mujer llamada a revolucionar de alguna forma el estudio de las serpientes venenosas, su mantenimiento en cautiverio y, sobre todo, su manipulación.
Grace desde siempre tuvo una gran atracción por los insectos, y en base a eso decidió estudiar algo acorde con sus gustos. A principios del siglo XX comenzó sus salidas al campo para observar, una vez finalizados sus estudios de entomología en la Universidad de Kansas, los insectos que eran su base de trabajo. Sin embargo, debido a la zona en la que estaba estudiando (el sudoeste de EEUU), pronto empezó a dejar un tanto de lado a los insectos y empezó a centrarse en unos animales que abundaban allí: las serpientes de cascabel. Tras observarlas detenidamente en la naturaleza su fascinación por ellas fue creciendo y creciendo hasta poder ser tildada de obsesión. Tras meses de observaciones tomó la determinación de empezar a mantenerlas en cautiverio en su propia casa a fin de poder observarlas en cualquier momento sin tener que pasar arduas horas de búsqueda. Y, gracias a esto, consiguió el primero de sus logros: convertirse en la primera persona -oficialmente- en ser capaz de criar serpientes de cascabel en cautiverio. Tal vez hoy en día esto no resulte una novedad, pero hagámonos a la idea de que hablamos de entre 1.915 y 1.920. Su fama de entendida en serpientes pronto creció entre sus compañeros de universidad, especialmente entre los herpetólogos y poco a poco se fue extendiendo más allá de las paredes universitarias. Tanto, que en el año 1.923 fue nombrada cuidadora del reptiliario que la Biblioteca Pública de Mineápolis tenía por aquel entonces. En su nuevo trabajo Grace captó la atención de todos los visitantes por dos motivos al principio. En primer lugar, por ser una de las pocas encargadas de reptiles que había en la época en Estados Unidos; de hecho, se dice que se contaban con los dedos de una sóla mano y que tal vez sobrase alguno. Pero quizás lo que más sorprendió a todo el mundo fue la pasión con la que defendía a las serpientes. Baste mentar sus propias palabras:

El miedo a las serpientes se adquiere, no nacemos con él. Como prueba tenemos a los niños pequeños que adoran las serpientes, las quieren como a perros o a gatos. No les tienen miedo hasta que crecen.

No le tengáis miedo de su lengua. El único animal que os puede herir con la lengua es el ser humano

Sus palabras comenzaron a tener eco casi inmediato en numerosos lugares y llegaron incluso a ser difundidas en publicaciones tan reputadas como las revistas Life o Time con extensas entrevistas y sobre todo reportajes fotográficos posando con algunas de sus serpientes. Aquella mujer en poco tiempo revolucionó el concepto que mucha gente tenía sobre los ofidios, haciéndoles ver que no se trataba de seres malignos si no de unos animales más, con sus cosas buenas y cosas malas.
A lo largo de su estancia en la Biblioteca Pública de Mineápolis Grace mantuvo no sólo especies nativas americanas, si no que aumentó esa colección con ejemplares traídos de Asia y África.

Grace con una serpiente de cascabel diamantina (Crotalus atrox)

Por supuesto, no todo el mundo estaba de acuerdo con ella y de hecho había un gran debate sobre su método de trabajo. Mientras que algunos la tildaban poco menos que de visionaria, otros denostaban una actitud que para ellos era peligrosa: Grace no utilizaba nada para manipular a sus serpientes, sólo las manos desnudas. De hecho, sus compañeros en la biblioteca tenían algo de miedo (totalmente comprensible, por otra parte) de acudir a las instalaciones que cuidaba Grace porque tenía la costumbre de dejar de vez en cuando los terrarios abiertos para que las serpientes paseasen por el recinto. Esto, por supuesto, era peligroso ya que al margen de las serpientes de cascabel allí había cobras, cobras reales y hasta mambas, especies con las que los servivios médicos no estaban familiarizados y de las que en aquel entonces tampoco disponían de sueros antiofídicos.
También hubo polémica con Grace porque ella decía que hasta las serpientes venenosas podrían llegar a ser inofensivas con el correcto “entrenamiento” (condicionamiento hubiese sido la palabra adecuada), algo que chocaba de frente con lo que opinaba la inmensa mayoría de gente experta en el tema. Grace llegó a decir que había amansado hasta 300 serpientes a lo largo de su vida.
Lo cierto es que su actitud hacia las serpientes (manejarlas de un modo temerario y permitirles deambular libremente por las instalaciones) le causó numerosos problemas hasta que finalmente , en 1.933, fue obligada a renunciar a su cargo por el peligro que representaba hacia ella misma y hacia el resto de la gente.
Grace se llevó su colección de serpientes consigo cuando empezó a trabajar en el zoo de Brookfield (Chicago), que abrió sus puertas a principios de 1.934. Allí, no obstante, volvió a tener problemas nuevamente con la gerencia y con sus compañeros puesto que no había abandonado el hábito de otorgarles la mayor libertad posible a las serpientes y fue despedida en 1.935 cuando el director del zoo, Robert Bean, fue a hablar con ella y al entrar en el serpentario se encontró de frente con una cobra real suelta. Grace se llevó sus serpientes consigo nuevamente y se estableció en Long Beach (California), donde permitía a la gente ver a sus serpientes y hacerle fotos mientras las sostenía en sus propias manos por el módico precio de 25 centavos. Allí fundó la Sociedad Zoológica de Long Beach. También alquilaba sus serpientes a los estudios cinematográficos e incluso asesoraba a otros entrenadores de reptiles para las películas. Como anécdota, algunas de sus serpientes aparecieron en la primera versión cinematográfica de El Libro de la Selva y en algunas de las películas de la célebre saga de Tarzán.
Desgraciadamente, la vida de Grace llegó a su fin cuando tenía 65 años, el día 20 de Julio de 1.948. Ese día fue a su casa el periodista Daniel P. Mannix, quien iba a realizarle una entrevista para la revista True Magazine. Mientras se encontraban en el jardín haciendo una sesión de fotos, Grace sostenía en una de sus manos una cobra india a la que alteró para que mostrase su característica “capucha” y así conseguir fotos más espectaculares. Desgraciadamente, Grace acercó demasiado su mano llibre y la cobra la mordió en un dedo.
Inmediatamente avisaron a una ambulancia y se llevaron el único vial de suero que Grace tenía en casa, llegado desde el Instituto Haffkine en la India poco tiempo antes junto al ejemplar de cobra que la mordió. Por desgracia, durante el transporte el frasco que contenía el suero se rompió, impidiendo que de esa forma llegase a poder emplearse. Unas horas más tarde de su llegada al hospital Grace Olive Wiley fue declarada muerta.
El único homenaje que le hicieron a Grace no llegaría hasta el año 2.006, cuando la ciudad de Long Beach inauguró un parque cuyo nombre es Grace Park en honor a esta pionera de la herpetofilia.

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