La Gran Niebla de Londres

Publicado: 10 enero, 2012 en Desastres, Relatos históricos

El Puente de la Torre -no confundir con el Puente de Londres- en la niebla

Una de las estampas más clásicas del Londres invernal desde siempre es su típica (y hasta tópica) niebla; esa “fog” que tanto misterio añade a sus calles y parques y que tantos relatos de Sherlock Holmes acabó ambientando. El desarrollo industrial llevó a la popularización de fuentes de calor como las estufas de carbón, algo que añadido a la niebla propia del Valle del Támesis dio como resultado una especie de humo amarillento, pardo o incluso negruzco que lo envolvía todo. Se originaba cuando en tiempo de niebla las temperaturas bajaban, haciendo que se quemase más carbón de mala calidad que habitualmente, lo que añadía a la siempre presente niebla numerosas partículas de hollín y además grandes cantidades de dióxido de azufre. Allí se la conocía coloquialmente como “pea soup” (literalmente sopa de guisantes).
Sea como fuere, el caso es que la niebla londinense no suele pasar de ser un incordio por la reducción del campo visual que provoca y molesta también por la humedad que conlleva que hace que aumente la sensación de frío. Nada trágico, aunque molesto. En contrapartida brinda hermosas imágenes que más de uno lleva en sus retinas y, cómo no, en la tarjeta de memoria de la cámara digital. Quizás todo esto que he dicho resulte más o menos obvio, supongo, aunque si nos remontamos algo en el tiempo podremos ver que las consecuencias de esta “sopa de guisantes” en alguna ocasión ha llegado a ser algo más grave que una simple molestia. ¿Me acompañáis en el viaje a través del tiempo? Pues remontémonos a hace unos 50 años.
Estamos en Londres a principio de Diciembre del año 1.952, y la verdad es que hace una rasca de cojones bastante frío. Aún estamos en tiempos de postguerra, a 7 años de la trágica II Guerra Mundial que tantas muertes provocó y que además hizo que en toda Europa la economía decayese. Las fábricas trabajan a destajo intentando reflotar el país, y las centrales eléctricas de carbón de Battersea, Bankside y Kingston upon Thames estaban al límite de su capacidad para poder dar electricidad a esta gran urbe. Esto provocó que hubiese algo de neblina, neblina artificial que se juntó con la natural para ocasionar un auténtico desatre. (Toma la pabara un londinense de la época)

4 de Diciembre.
Por la radio acaban de decir que tenemos un anticiclón encima de la ciudad. Es curioso, porque siempre asocié la palabra “ciclón” a vientos fuertes y el caso es que no sopla nada de viento desde hace un par de días. Dicen también que esto podría causar una inversión térmica o algo así. Vamos, que estoy viendo que va a tocar aguantar otra pea soup de las narices. Pues nada, a echar mano de estoicismo que nos caracteriza y a seguir, que buena falta nos hace el dinero.
La verdad es que hace un frío tremendo, y lo malo es que el carbón bueno ya no es que sea caro: es que no hay. Para aliviar un poco la economía el Gobierno ha decidido que el “bueno” se venda a otros países. Nos tenemos que aguantar con el de baja calidad, ese que dicen que suelta azufre. No sé hasta qué punto es cierto, pero la verdad es que algo raro si que huele y que si el humo no se va pronto o vuelve a entrar por la chimenea molesta algo.

5 de Diciembre.
Pues parece que yo tenía razón, otra pea soup de nuevo. Kenneth decía en el pub ayer que no, que se iba a levantar viento y que no iba a pasar nada. ¿Qué va a saber un escocés sobre la niebla? ¡¡Ja!! Hoy le toca pagarme unas pintas.
Ahora bien, bromas fuera que andar por la calle es hasta peligroso; los de los coches no ven a 10 yardas pero aún así siguen yendo como locos. Esta mañana he “visto” -porque lo que se dice ver no mucho, la verdad- como atropellaban a una vendedora del mercado que iba con sus dos hijos y al llegar a trabajar me he enterado que también habían atropellado a varios compañeros. ¡¡¡Y yo que tengo que ir a casa andando!!!

6 de Diciembre.
Pues seguimos igual, aquí no hay viento y la pea soup sigue ahí. Lo peor es que cada vez es más negra, parece como si se estuviese pudriendo el aire. El olor es bastante fuerte y lo peor es que si ayer se veía poco por la calle hoy se ve la mitad más o menos. Tengo unas ganas locas de que llegue algo de viento, o de que llueva a ver si así se asienta el polvo y se va la niebla. Ayer encima suspendieron dos partidos de fútbol, decían que los jugadores no veían el balón y que el público no veía a los jugadores. Menuda faena.

7 de Diciembre.
Se prohíbe andar con el coche por Londres, sobre todo por las calles del centro, a la salida de la iglesia nadie hablaba de otra cosa. A mí personalmente me parece bien, porque me beneficia y mucho; no tengo coche, pero es que con el bullicio que hay aquí tampoco los oyes llegar y se han producido muchos atropellos. Sin ir más lejos el Aston Martin del dueño de la fábrica donde trabajo -y de tantas otras- se llevó por delante a un chaval que vendía periódicos. Supongo que a quien tenga coche le molestará, pero es que con esta niebla es mejor que nadie conduzca. Y ya no es sólo por los atropellos o por los accidentes al salirse de la carretera (que también los hay). Yo creo que el humo de los coches también ayuda a aumentar la pestilente niebla esta.

8 de Diciembre.
Uf, esto es insoportable. Comparado con lo de hoy, hace dos días se veía perfectamente en la distancia. Y ya no es cosa de la calle, no, que dentro de las casas ya se ha colado la dichosa niebla esta. El Tube (el metro) está parado porque la gente siente que se ahoga dentro de tanta niebla que hay que no deja respirar. Ya ni las ambulancias circulan y eso que hay mucha gente que está enfermando por esta horripilante niebla. Hasta hay problemas en los cines, que dicen que desde las butacas apenas se ve la pantalla. No se yo como va a acabar esto, pero espero que llueva de una vez.

9 de Diciembre.
¡¡San Jorge nos quiere!!. Está lloviendo abundantemente y parece que se disipa el tormento este. Y menos mal porque no se yo qué pasaría de seguir así unos días más. Por doquier se ve gente tosiendo, dicen que incluso han aumentado las muertes de niños y viejos. No sé hasta qué punto es verdad, pero en la fábrica la poca gente que estaba trabajando no paraba de toser. Hasta yo llevo un par de días con la garganta destrozada y supongo que será por culpa de esta dichosa niebla. Bueno, niebla o lo que sea, porque la niebla no suele ser tan oscura

Esto, aunque acabe de salir de mi imaginación y de algunos datos recopilados, bien podría haber sido el diario de algún londinense en aquellas fechas. El anticiclón que se instaló en Londres el 4 de Diciembre provocó que la inversión térmica impidiese que se disipase la contaminación, a lo que se sumó una de las persistentes nieblas de la zona. Además, el hecho de que la importación de carbón de buena calidad dejase tan sólo disponible el que contenía azufre originó un importante incremento de la contaminación ambiental.
Si bien en un principio sólo se pensó que se trataba de una molestia algo persistente, los hospitales comenzaron a llenarse de gente aquejada de problemas respiratorios. Al principio, las cifras oficiales achacaban al efecto de la “sopa de guisantes” unas 4.000 muertes, pero estudios recientes elevan la cifra hasta 3 veces más: sobre 12.000 muertes.
La causa más común eran las complicaciones derivadas generalmente de la hipoxia, complicaciones que solían derivar en infecciones del tracto respiratorio tales como bronconeumonía o bronquitis aguda.
Para evitar que en un futuro se pudiese repetir un desastre de tal magnitud, el Parlamento Británico aprobó en el año 1.956 la primera Ley de Aire Limpio, que restringía el uso de combustibles altamente contaminantes en los hogares londinenses y que estuvo en vigor hasta 1.968, año en que se derogó esta y se puso en marcha otra más restrictiva.
Esta ley también creó las primeras “zonas controladas de humo” y empezó a esbozar el camino para llevar las centrales térmicas lejos de la urbes.

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